La pretemporada no perdona improvisaciones 🏃
En agosto, cuando el calor todavía cae sobre las pistas como una manta húmeda y los gimnasios de secundaria vuelven a oler a caucho, desinfectante y ambición adolescente, empieza una ceremonia tan repetida como peligrosa: la pretemporada deportiva. Los entrenadores sacan silbatos. Los padres sacan calendarios. Los atletas, con más entusiasmo que horas de sueño, intentan demostrar en dos semanas lo que no siempre entrenaron en dos meses.
La escena parece inocente. Un equipo de fútbol corriendo series bajo el sol. Una jugadora de voleibol saltando una y otra vez hasta que las rodillas empiezan a negociar su renuncia. Un corredor de campo traviesa estrenando zapatillas como quien estrena personalidad. Pero debajo de esa épica escolar, tan fotogénica para redes sociales, se esconde una verdad menos heroica: buena parte de las lesiones en atletas de secundaria no ocurren por mala suerte, sino por mala planificación.
«La lesión rara vez aparece de la nada. Suele ser el recibo pendiente de una carga mal dosificada, un descanso ignorado o una señal del cuerpo tratada como si fuera un estorbo.»
Como fisioterapeuta, he visto demasiados tobillos hinchados presentados como “gajes del oficio” y demasiados dolores lumbares bautizados con el elegante nombre de “es normal, está creciendo”. Como periodista, he visto algo más incómodo: sistemas deportivos escolares que celebran la dureza, pero no siempre enseñan inteligencia corporal. Y sí, hay una diferencia enorme entre formar carácter y convertir a un adolescente en una máquina de desgaste con mochila escolar.
El error de empezar fuerte cuando el cuerpo venía en pausa ⚠️
Uno de los grandes pecados de la pretemporada es confundir intensidad con eficacia. Tras vacaciones irregulares, campamentos, trabajos de verano o semanas de sofá con pantalla infinita, muchos atletas regresan a entrenamientos de alto volumen como si el organismo tuviera memoria administrativa y pudiera sellar formularios de adaptación en 24 horas. No puede.
Los músculos, tendones y articulaciones necesitan una progresión razonable. El corazón también. El sistema nervioso, ese director de orquesta invisible que coordina reacción, equilibrio y fuerza, requiere práctica antes de ejecutar sin fallos bajo fatiga. Pretender que todo vuelva de golpe es como pedirle a una biblioteca cerrada desde junio que funcione en hora punta sin encender las luces.
Las lesiones que más se repiten 📊
En la consulta y en los partes médicos escolares, los patrones se repiten con una puntualidad casi burocrática. No son misteriosos. Son prevenibles en muchos casos, aunque esa palabra —prevenible— incomode a quienes prefieren culpar al destino, al césped o al árbitro.
- Esguinces de tobillo, frecuentes en baloncesto, fútbol, voleibol y deportes con cambios rápidos de dirección
- Dolor anterior de rodilla, especialmente en atletas que aumentan saltos, carreras o sentadillas sin control de carga
- Lesiones musculares en isquiotibiales, cuádriceps o gemelos por aceleraciones bruscas sin preparación suficiente
- Tendinopatías, como dolor en tendón rotuliano o Aquiles, típicas cuando el volumen sube más rápido que la tolerancia del tejido
- Dolor lumbar, a menudo relacionado con debilidad del tronco, mala técnica o fatiga acumulada
La buena noticia es que prevenir no exige laboratorios futuristas ni dispositivos que prometen medir hasta el estado de ánimo del ligamento cruzado. Exige método. Y paciencia, esa virtud tan poco patrocinada.
La evaluación previa: menos épica, más útil 🩺
Antes de correr, saltar, chocar o lanzar, conviene observar. Una evaluación funcional sencilla puede revelar asimetrías, limitaciones de movilidad, déficits de fuerza o patrones de movimiento torpes. No se trata de convertir cada equipo escolar en una clínica de alto rendimiento, sino de hacer preguntas básicas: ¿puede el atleta aterrizar de un salto sin que las rodillas colapsen hacia dentro? ¿Tiene control en una sentadilla a una pierna? ¿Ha tenido lesiones previas? ¿Duerme lo suficiente? ¿Come algo más que barritas, bebidas azucaradas y fe?
Una breve anécdota: hace años, en una cancha de instituto, un entrenador me dijo que no tenía tiempo para “esas pruebas”. Diez minutos después, su mejor velocista se retiró cojeando tras una salida explosiva. No fue una tragedia griega, pero tuvo su coro: hielo, preocupación, mensajes a los padres y tres semanas fuera. A veces el tiempo que no se invierte en prevenir se paga con intereses.
- Revisar antecedentes de lesiones, cirugías, dolor persistente o episodios de mareo y fatiga inusual
- Evaluar movilidad de cadera, tobillo, columna torácica y hombro según el deporte practicado
- Observar fuerza y control en patrones básicos: sentadilla, zancada, salto, aterrizaje y cambio de dirección
- Registrar sueño, hidratación, nutrición y carga deportiva fuera del equipo escolar
Calentar no es trotar mirando el celular 🔥
El calentamiento neuromuscular es una de las herramientas más eficaces y subestimadas en prevención. No hablamos de tres vueltas desganadas al campo mientras alguien comenta el último drama del grupo de WhatsApp. Hablamos de preparar el cuerpo para lo que va a exigir el entrenamiento: movilidad dinámica, activación muscular, equilibrio, técnica de carrera, saltos controlados y cambios de dirección progresivos.
Programas estructurados de 10 a 15 minutos han demostrado reducir lesiones, sobre todo en rodilla y tobillo, cuando se aplican de forma constante. La palabra clave es constante. Hacerlo un día para la foto institucional y abandonarlo después tiene el mismo valor preventivo que comprar verduras y dejarlas morir en el cajón del refrigerador.
- Incluir ejercicios de equilibrio en una pierna y control del tronco
- Practicar aterrizajes suaves, con rodillas alineadas y cadera activa
- Usar desplazamientos laterales, aceleraciones progresivas y frenadas controladas
- Adaptar el calentamiento al deporte: no necesita lo mismo una nadadora que un linebacker
Carga, descanso y el mito del adolescente indestructible 🧠
La secundaria vive atrapada entre dos ideas contradictorias: los jóvenes son frágiles para algunas responsabilidades, pero supuestamente indestructibles para entrenar cinco días seguidos, competir el sábado, jugar en un club el domingo y terminar tareas a medianoche. Curiosa biología selectiva.
La prevención real exige controlar la carga de entrenamiento. Aumentar volumen e intensidad de manera gradual, alternar días duros y suaves, limitar repeticiones de alto impacto y respetar señales tempranas de dolor. El dolor que cambia la forma de correr, saltar o lanzar no es “normal”. Es información. Y el cuerpo, cuando habla bajo, suele estar ofreciendo una cortesía antes de gritar.
El descanso no es pereza; es parte del entrenamiento. Dormir menos de lo necesario afecta coordinación, reacción, fuerza y recuperación. También aumenta el riesgo de lesión. En adolescentes, el sueño compite contra tareas, pantallas, ansiedad académica y horarios escolares que parecen diseñados por enemigos del ritmo circadiano. Aun así, debe defenderse como se defiende una final.
Padres, entrenadores y atletas: el triángulo decisivo 🎯
La prevención funciona cuando todos dejan de actuar como islas. Los padres deben informar lesiones previas y no premiar el silencio heroico. Los entrenadores deben crear una cultura donde reportar dolor no sea visto como debilidad. Los atletas deben aprender que cuidar el cuerpo no reduce la competitividad; la prolonga.
También conviene desconfiar de la estética del sacrificio permanente. No todo sudor es progreso. No toda fatiga construye carácter. A veces solo construye inflamación. El objetivo de la pretemporada no debería ser descubrir quién aguanta más sufrimiento, sino preparar a cada jugador para rendir cuando la temporada importe de verdad.
En última instancia, la prevención de lesiones en pretemporada es una forma de educación. Enseña a escuchar, dosificar, prepararse y pensar a largo plazo. Quizá no suene tan emocionante como el discurso del vestuario antes del primer partido, pero tiene una ventaja modesta y revolucionaria: permite que los atletas sigan jugando. Y en la adolescencia, donde todo parece urgente y eterno al mismo tiempo, llegar sano al final de la temporada ya es una pequeña victoria contra el ruido.
